Estudio internacional vincula el consumo de “comida chatarra” con estilos de vida poco sostenibles

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Un reciente estudio internacional, que evaluó los hábitos de más de 6.000 adultos e involucró a expertos de 14 países de América Latina y España, ha revelado una conexión directa entre lo que comemos y los comportamiento de un estilo de vida sostenible.

La investigación concluyó que las personas que consumen altas cantidades de alimentos ultraprocesados no solo ponen en riesgo su salud, sino que también tienden a llevar estilos de vida menos sostenibles. Los alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés), como la comida rápida, las bebidas azucaradas y los snacks dulces o salados, se caracterizan por ser productos industriales con exceso de grasas, azúcares y sal. Sin embargo, el estudio liderado por investigadores de diversas universidades de la región resalta que el impacto de estos productos va mucho más allá de las calorías.

Este estudio fue publicado en la última edición de la revista Nutriens, con el título “Consumption of Ultra-Processed Foods and Sustainable Lifestyles: A Multicenter Study”, y tiene como primera autora a la Dr. Eliana Meza Miranda, investigadora del Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas de la Universidad Nacional de Asunción (CEMIT-UNA), encabezando un grupo de 28 profesionales de Iberoamérica.

Según los resultados, quienes consumen comida rápida de forma frecuente tienen hasta 2,5 veces más probabilidades de situarse en el grupo de personas con hábitos menos sostenibles. Estos comportamientos poco ecológicos no se limitan solo a la dieta, sino también a prácticas relacionadas con el transporte, la recreación y el cuidado del entorno.

Desde una perspectiva ambiental, los ultraprocesados son sumamente costosos. Su producción depende de un uso intensivo de energía, requiere una enorme cantidad de envases plásticos y genera una huella de carbono elevada debido al transporte de larga distancia. Además, se les asocia con la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de recursos hídricos. De esta forma, consumir alimentos frescos y naturales también puede ayudar a proteger el planeta.

Además, el estudio identificó que el consumo más alto de estos productos se da en la población adulta joven (menores de 30 años) y en personas con menor nivel educativo. Asimismo, se confirmó que un mayor consumo de estos alimentos está vinculado a un Índice de Masa Corporal (IMC) más alto, lo que aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad.

De acuerdo a lo detectado, los expertos sugieren que reducir el consumo de estos productos es una “estrategia dual”. Al elegir alimentos frescos y mínimamente procesados, no solo se previenen enfermedades como la diabetes y otras enfermedades metabólicas, sino que se fomenta la soberanía alimentaria y la protección del medio ambiente.

En conclusión, este estudio posiciona a los ultraprocesados no solo como un problema de nutrición, sino como un indicador clave de insostenibilidad. Integrar criterios ambientales en las guías alimentarias actuales es, según los autores, una prioridad urgente para garantizar un futuro saludable tanto para las personas como para el planeta.

Puede acceder al artículo Consumption of Ultra-Processed Foods and Sustainable Lifestyles: A Multicenter Study, de la revista Nutriens, en el siguiente enlace: https://doi.org/10.3390/nu18020365